La movilidad eléctrica da sus primeros pasos en América Latina

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En Uruguay circulan taxis eléctricos desde 2014 y en Chile se quiere descubrir esta movilidad a través del transporte público

 

América Latina cuenta con un 80% de su población viviendo en ciudades y un parque automotriz incrementándose en las tasas más elevadas de todo el mundo; esas son las condiciones idóneas para la transición hacia una movilidad eléctrica, pero de lo que no se dispone es de las políticas públicas necesarias para ello, al menos por ahora.

 

De forma inflexible llegará el cambio hacia la movilidad eléctrica, y lo hará en pocos años, y en Latinoamérica empezará por el transporte público de pasajeros, tal como ha explicado Gustavo Máñez, coordinador regional de cambio climático de la Agencia de Naciones Unidades, apoyado por dos imágenes de la Quinta Avenida de Nueva York. La primera imagen era de 1900 y en ella aparecen carros tirados por caballos. La segunda es de únicamente 13 años después y sólo se ven automóviles.

 

“Como ya sucedió en otros momentos de la historia, esta vez la transición se dará de manera muy rápida. Estoy viendo en todo el mundo que los fabricantes de autos buscan unirse a esta ola de la movilidad eléctrica porque saben que, si no, van a quedarse sin mercando”.

 

En los próximos 25 años, y según las proyecciones, el parque de automóviles en Latinoamérica podría triplicarse, superando los 200 millones de vehículos en 2050, según la Agencia Internacional de Energía.

 

Este desarrollo, si no se aligera la transición hacia la movilidad sostenible, pondría en serio peligro el cumplimiento de las contribuciones nacionales comprometidas en el marco del planetario Acuerdo de París sobre cambio climático, según declaró Gustavo Máñez.

 

El 20% de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) de la región es responsabilidad del sector del transporte. El nuevo presidente de Costa Rica, Carlos Alvarado, ha llamado a la eliminación de los combustibles fósiles y descarbonizar la economía, según explicó el funcionario, valorando de forma positiva que “Chile, Colombia y México estén trabajando para aplicar impuestos al transporte por sus emisiones de carbono”. Uruguay es uno de los países de la región que está más avanzado en materia de movilidad eléctrica y que también estimula con beneficios impositivos. A pesar de estos ejemplos, la región debe trabajar mucho más el desarrollo de incentivo para la movilidad eléctrica.

 

Para el coordinador de las Naciones Unidades, Latinoamérica debería seguir el ejemplo de los países escandinavos, donde los vehículos eléctricos han alcanzado una gran importancia ya que sus conductores disponen de privilegios para aparcar o usar carriles destinados al transporte público, además de otras medidas sostenidas en el tiempo.

 

Pero en la región se mezclan realidades totalmente diferentes. Si en Brasil la venta de vehículos eléctricos se lleva a cabo desde hace años, otros como Argentina se encuentran distanciados y han empezado a comercializar un modelo este mismo año.   

 

Según el diputado argentino de la alianza gobernante Cambiemos, Juan Carlos Villalonga, “el primer objetivo es generar un debate en la sociedad acerca de la movilidad sustentable”; también reconoció que su país se encuentra por detrás de otros países en relación a la transición hacia energías limpias. Para finales de este año, el gobierno de la ciudad de Buenos Aires quiere poner en funcionamiento 8 autobuses experimentales en relación a la movilidad eléctrica y acceder así a una flota que cuenta con 13.000 autobuses de transporte público.

 

La lucha contra el cambio climático no es la única razón para fomentar la movilidad eléctrica. En 2016, la ONU Medio Ambiente presentó “Movilidad Eléctrica. Oportunidades para Latinoamérica”, un documento donde se explicaba que el cambio aportaría a la región la disminución de 1,4 gigatoneladas de emisiones de dióxido de carbono, que es responsable del 80% de las emisiones de los GEI, además de ahorrar 85.000 millones de dólares en combustibles hasta 2050. 

 

En este documento también se sostiene que Latinoamérica es la zona que tiene un mayor uso de autobuses por persona en todo el mundo, también que el transporte público “posee un potencial estratégico para ser la punta de lanza de la movilidad eléctrica”. Chile está llevando a cabo una experiencia similar, a través del Consorcio Movilidad Eléctrica, y que cuenta con la participación del Ministerio de Transportes y de instituciones científicas chilenas y de Finlandia. 

 

Según explica Gianni López, exdirector chileno de la gubernamental Comisión Nacional de Medio Ambiente y miembro del Centro Mario de Investigación y Desarrollo, “en Chile ya hay una decisión tomada de llevar el transporte público hacia la movilidad eléctrica”. El próximo año circularán por Santiago 120 autobuses eléctricos y el objetivo es que para 2025 sean 1.500, lo que supone más de un 25% de una flota total de aproximadamente 7.000 unidades de transporte público.

 

Tal como explica el exdirector, los autobuses públicos cuentan con unas características que hacen más fácil empezar el cambio por ellos. “Por un lado, los buses circulan muchas horas por día y entonces el retorno de la inversión se consigue mucho más rápido”; por otro, al tener rutas fijas, la instalación de sistemas de recarga es más sencilla; además, la autonomía no constituye ningún problema porque se sabe diariamente qué distancia se va a recorrer.

 

Uruguay es un ejemplo de esta situación. En su capital circulan taxis eléctricos desde 2014 y en 2016 una empresa privada de transporte público inició un servicio regular con autobuses eléctricos. Desde diciembre del año paso también se dispone de una “ruta verde”, de 400 kilómetros, que cuenta con estaciones de carga cada 60 kilómetros.

 

Para finalizar, Gustavo Máñez ha expuesto la necesidad de que Latinoamérica desarrolle una tecnología que, a día de hoy, se encuentra poco evolucionada.

 

Fuente: ultimasnoticias.com