Latinoamérica: Vidas que pueden salvarse gracias a infraestructuras, datos e intercambio

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Según la Organización Panamericana de la Salud, el número de fallecidos en la carretera en 2016 en toda Latinoamérica alcanzó la cifra de 154.089 personas

 

En América Latina movilizarse puede suponer una actividad de alto riesgo y tenemos la certificación en datos estadísticos. Según la Organización Panamericana de la Salud, en 2016 los fallecidos a causa de siniestros en la carretera en toda Latinoamérica alcanzó la cifra de 154.089 personas. Para los que están entre los 15 y 44 años, la situación es todavía más desesperanzadora porque los accidentes de tráfico se han convertido en la principal causa de muerte de este grupo.

 

En Colombia muere diariamente una media de 19 personas a causa de siniestros en la carretera, contabilizándose en 2016 un total de 6.806 fallecidos; durante el mismo año, en Perú perdieron la vida en la carretera 2.696 personas. A causa del peligro que supone para la salud pública, la seguridad vial ha sido incluida en los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) con la finalidad de reducir a la mitad el número de muertes y lesiones que ocasionan los accidentes de tráfico en todo el mundo para 2030.

 

Un obstáculo que es común en toda Latinoamérica es el incremento de la motorización, concretamente motocicletas. En Argentina, por ejemplo, su aumento ha sido del 28% en los últimos 4 años.

 

En el Informe Benchmarking de la seguridad vial en América Latina se pone de manifiesto la dificultad de este problema. Según expertos del Foro Internacional de Transporte, el número de colisiones y víctimas varía en gran parte según la función de la vía de tránsito, las velocidades de conducción, los volúmenes de tránsito, la combinación de usuarios, y según la calidad de la seguridad de la carretera en función de su diseño, mantenimiento y gestión.

 

Ante este paisaje preocupante se necesitan grandes esfuerzos que relacionan una combinación específica de infraestructura, conocimientos técnicos, información y capacidad institucional.

 

Ante un territorio tan extenso como el argentino, por ejemplo, ¿de qué forma puede abordarse la seguridad vial de una manera exitosa? Las dificultades viales requieren de datos seguros para ser solucionadas, y para ellos se debe poder conocer tanto la realidad del microcentro porteño como las rutas que conectan el sur de la Patagonia.

 

En 2008 se institucionalizaron sus esfuerzos con la creación de la Agencia de Seguridad Vial como ente federal descentralizado. El trabajo se vio secundado por el Banco Mundial, en 2010, con el propósito de reducir el número y el rigor de los siniestros en las carreteras argentinas.

 

Dentro de la Agencia se creó también el Observatorio Vial para concentrar los datos de carreteras de todo el territorio del país. Gracias al trabajo del Observatorio, se han llevado a cabo numerosos informes observacionales, socioculturales y de caso que posibilitan entender mucho mejor la realidad de esta zona. Por ejemplo, se averigua que para nueve de cada diez argentinos la seguridad vial es un tema alarmante, a pesar que únicamente el 40% de coches circula con todos sus ocupantes utilizando el cinturón de seguridad.

 

El Observatorio posibilita también la homogeneización de conceptos en todo el país, hecho que permite realizar comparaciones dentro del territorio, pero también con otros países. De este modo, las cifras adquieren la publicidad y legitimidad que antes no tenían. Con las nuevas bases de datos y los estudios a nuestro alcance se presiona por el cumplimiento de las leyes.

 

La especialista de Transporte del Banco Mundial, Verónica Raffo, ha explicado que “el problema no es la falta de leyes y regulaciones. La mayoría de los países de la región cuentan ya con un marco normativo integral al respecto. El problema es hacer cumplir esas normas. Cuando una ley no se cumple, bien sea porque no se sanciona al infractor o porque no se hace cumplir la sanción, se crea una sensación generalizada de impunidad que lleva a un mayor incumplimiento de la norma”.

 

Tal como indica la Unidad Uruguaya de Seguridad Vial, el número de siniestros de tráfico, en 2016, descendió un 8,7% hasta los 21.243 incidentes. Este descenso influyó también en el número de víctimas mortales: 446 uruguayos murieron, un 11,8% menos que el año anterior. Estos datos son significativos ante el gran incremento en el número de vehículos registrados: en sólo 6 años se incrementó en un 45%.

 

En el informe del Foro Internacional de Transporte mencionado con anterioridad sobresale Uruguay, junto con Cuba y México, como países que disponen de estrategias a largo plazo, complementadas por planes de acción con tiempos más delimitados.

 

Fernando Longo, director de la Unidad Nacional de Seguridad Vial (Unasev) destaca que “esto es el reflejo de una política sostenida y articuladora donde simbióticamente convergen elementos como la política de control de drogas en la conducción, el intenso trabajo a nivel del sistema educativo para el cambio de conductas inadecuadas en el tránsito, campañas de comunicación específicas y una permanente abogacía con los cuerpos de control de tránsito para apoyar el cumplimiento de su función. La seguridad vial es una trama compleja donde la articulación de todos sus elementos entrega la llave de resultados a largo plazo. La clave es la permanencia en los esfuerzos y permanente enfoque con políticas sostenibles a largo plazo”.

 

Desde 2012, Uruguay trabaja en un programa para rehabilitar y mantener la red vial nacional. En los próximos tres años, llevará a cabo la rehabilitación de 890 kilómetros de carreteras nacionales, mientras que 260 kilómetros obtendrán mejoras para la reducción de accidentes de tráfico. A esto se le añade los más de 500 kilómetros de carreteras que ya han sido rehabilitados en los últimos cinco años, recibiendo el apoyo del Banco Mundial.

 

El caso de Argentina sirvió de ejemplo a otros países para solicitar el soporte del Banco Mundial que, junto con el Fondo Global para la Seguridad Vial, amplificó sus esfuerzos para relacionar a 22 países en toda la región y, a través del apoyo financiero y técnico, crear la estructura inicial y la plataforma web para el Observatorio Iberoamericano de Seguridad Vial (OISEVI), hecho que facilita la transferencia de datos, intercambio y análisis y también conecta a los países integrantes con el Grupo de Análisis y de Estadísticas Internacionales de Seguridad Vial (IRTAD).

 

Además, Argentina y Uruguay han colaborado conjuntamente con el gobierno de Marruecos para que este país africano consiguiera su objetivo de conseguir que el 80% de sus rutas estén en condiciones adecuadas para 2035. Para conseguir este objetivo, se necesita dar más intensidad en el mantenimiento y que el sector privado tenga una mejor disposición a través de cambio de regulaciones.

 

Para ello, en 2014, autoridades de estos tres países visitaron las dos costas del río de la Plata para comprender en profundidad las reglamentaciones nacionales, con la intención de implementarlas en su país para conseguir un mejor mantenimiento de las rutas, ocasionando así beneficios económicos y de seguridad para la población

 

Fuente: elpais.com